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¿Cómo anda la depresión mental?


Ese es tema de esta semana: Una buena pregunta para un buen tema, para referirnos a quienes pudiesen haber estado, o estuvieron, como ¡sufrientes de la depresión mental!

Crecientes razones nos ocupan sobre la depresión mental. ¿Va en aumento? ¡SÍ, parece estarlo, y además en “popularidad”! ¡Esa es la respuesta! Una variedad de eventos físicos, sociales y psíquicos, se observan con efectos depresivos en la conducta humana. Basta con nombrar a uno, poderoso: ¡La pandemia mundial; esa afección física que se inició en el año 2019, y hoy se mantiene influyente, presente y poderosa, ¡creciente entre nosotros! Cargada en retos, en nuevas hirientes formas, en angustias y ansiedades.

La depresión psíquica, con su devaluadora tristeza anímica, puede invadirnos a breve o largo tiempo, en cualquier momento, de cada día y cualquier año. ¿Qué nos ocurre? ¿Por qué esa afección? ¡Quizás un recuerdo en nuestro cerebro, “varado” a la deriva, sea una razón que nos explique todo! Pero, a veces es mucho más que eso.

Puede ser una depresión mental (¡recaída extendida!), de las que afectan a millones cada año. Una afección anímica real, palpable, indudable, ¡que puede tratarse con eficacia cuando tomamos el control!

Por desgracia, muchos lo creen algo “normal”, que puede tratarse en toda persona, hasta por cuenta propia, con calditos, guarapitas, cafecitos, mucho cariño, y otros “auxilios” del atiborrado botiquín casero, si a la depresión se le receta como “curable”. ¡Eso es lo que creen muchos! Pero…

Pero mal tratada, la depresión mental es una enorme carga de salud para quienes sufren las consecuencias, en forma notable, los sanos y los enfermos. Incomodidad casera, sufrimientos, trastornos de vida y trabajo, elevados costos ciudadanos a los países, por días perdidos, y otras pérdidas.

¡La depresión es mucho más que sentirse “pesado”, más que estar triste, o más que tener un mal día! Cuando la tristeza es profunda, con largas períodos de duración, e interfiere actividades normales, quizás sea que hay depresión ya instalada.

¿Qué saber sobre los síntomas? La muestra más común es sentirse triste, ansioso, con frecuencia; y estar irritable, frustrado, intranquilo: Levantarse muy temprano, o al contrario, dormir demasiado. En casos avanzados, de abandono a familia o amigos, pensar en el suicidio se aparece como opción riesgosa y peligrosa, con situaciones peores del deterioro mental. Aclaramos que este comentario no es un diagnóstico médico ni psiquiátrico de depresión grave; y no debe usarse en lugar de consultar a un profesional de la salud mental.

¡Errores de vida pueden generar depresión! Dejar de mantener el bienestar de las personas es grave error. En caso de algo curioso, en primer lugar, busquemos en sus detalles si hay presencia de la depresión; y fajémonos duro en ella sin ignorar la situación. No creer que sufrir depresión es motivo de avergonzarnos. ¡Tampoco subestimemos el mal, puesto que ¡la salud mental está en juego!

¿Y cómo entender la depresión en la tercera edad? ¡Cuidado con malentendidos y sorpresas! ¡Hay irresponsabilidad! Muchos creen que llegar a la tercera edad es la abundancia, la veteranía, la sabiduría, el control, la madurez, ¡y es creernos que hay mucha experiencia! ¡Como estar vacunado contra la depresión! ¡Qué prejuicio!

¡Nada más cierto! Hay “terceristas” (tercera edad) a veces más inexpertos que adolescentes, adultos, o los de treinta años. A la tercera edad suele describirse como época de descanso, reflexión, de hacer lo postergado. Lamentablemente, el proceso de envejecimiento que creemos nos hace más sabio con el paso del tiempo, no es siempre algo tan idílico como nos lo cuentan en los cursitos y libros seudocientíficos.

Los acontecimientos, como los trastornos médicos crónicos y debilitantes de la tercera edad, la angustia por perder amigos y seres queridos, y la incapacidad por el debilitado poderío físico y mental, pueden ser pesada carga para el bienestar físico y emocional de la persona que envejece.

¡Sumarle momentos o desarrollos depresivos es lo peor que faltaba! ¡Ya sabemos cómo y por donde llegar!

Hernani Zambrano Giménez, PhD.

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