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¿Es el tiempo, dimensión impalpable?


Los humanos creamos la idea de tiempo asociado a la socialización, al trabajo y al desarrollo, desde sus formas iniciales primarias y simples, hasta los avances más actuales, ligados a la presencia y productividad del trabajo, a la dinámica y economía de las naciones, y a la vida privada de los ciudadanos. ¡Del accionar de estos y otros elementos, surgió la idea del factor tiempo!

El psicólogo francés Paul Fraisse (1911-1996), en su denominada Ley de Fraisse, propuso considerar la idea de que el factor tiempo contiene, implícitamente, una función subjetiva, centrada en el interés hacia una actividad muy conocida y manejada en el mundo entero: ¡eso que como ya lo hemos señalado, es el tema de la productividad humana! ¿Y cómo definimos a la productividad?

Definimos a la productividad como el tiempo invertido por una persona, por un ente físico o mecánico, o una actividad, para obtener un resultado, bajo el criterio de que cuanto menor sea ese tiempo utilizado, el sistema es considerado como más productivo. Por ello, la Ley de Fraisse se fundamenta en que el tiempo contiene dos variables: un objetiva y una subjetiva; y esta última dependerá de la tarea que se esté realizando; es por esto que el tiempo, en algunas de las tareas que se activen puede transcurrir como si fuesen rápidamente, y en otras, lentamente (¿como si estuviesen “frenadas”?).

Como decíamos al hablar de la teoría de Fraisse, el tiempo contiene una dimensión objetiva y otra subjetiva. En esta última (subjetiva), el tiempo influye tanto en los resultados parciales, como en el rendimiento final del estado psicológico de las personas, e indirectamente, también influyen otros elementos del ambiente. A nuestra manera, reduciendo la complejidad de explicación de los enfoques, proponemos la existencia de al menos tres tipos de tiempos:

  1. El tiempo cosmológico.

Hay un concepto cosmológico del tiempo que hace alusión, o concierne, a la cosmología como rama astronómica (celeste), que estudia acerca de las leyes y evolución del cosmos o universo, sus características y cualidades. El tiempo cosmológico que regula a los organismos vivos, según los ciclos naturales; es decir, noche/día, invierno/verano, u otro más. Entiéndase que lo que hemos hecho con el tiempo cosmológico, es reinventarlo o explicarlo.

  1. El tiempo perceptivo.

Asimismo, Paul Fraisse propuso un tiempo perceptivo, o tiempo propio del ser humano viviente, vivido (experimentado) mediante el sentir de su propia consciencia inmediata, el cual es un tiempo utilitario y operativo humano. El tiempo perceptivo es entendido como una estimación interna del tiempo, que es imprescindible para ejecutar algunas operaciones en el espacio que manejan los seres vivos, tales como cazar, conducir, competir, y cientos más de este tipo, así como para planificar acciones a futuro, desplazarse, llegar a tiempo, llegar retrasado, y muchas más.

Este segundo tipo de tiempo incluye los estudios del “reloj interno”, que nos permite sentir la percepción (consciente) de que “el tiempo pasa”, el tiempo se “agota”, “el tiempo nos asfixia”, “el tiempo nos “presiona”, obviando la división en segundos, minutos u horas, que son propias del tiempo cultural, o de la invención humana.

  1. El tiempo cultural.

En esta categoría los estudiosos proponen el tiempo de lo histórico, el de las sociedades, el de la humanidad; pero, en términos generales, creemos que se hablaría mejor del tiempo cultural y del tiempo social, como representación del tiempo en cada cultura humana. Otras concepciones del tiempo no las tratamos acá, por su complejidad general.

Sin embargo, a diferencia del tiempo físico y el objetivo, “el tiempo subjetivo o psicológico es una experiencia que implica elementos variados de duración, de lapsos y de procesos”; es decir, del fluir del tiempo, mediante el cual cada persona experimenta a su criterio, y de diferentes maneras, en su poderosa vivencia cerebral consciente. Y esto lo hace en una sucesión de estados mentales cuando calcula los lapsos para actuar, lapsos para recordar eventos del pasado, o para planificar sus actos de forma prospectiva en torno a un probable futuro. De allí derivaría el hecho de que el tiempo subjetivo depende de ciertos factores personales, propios y únicos, tales como la atención, el nivel de conciencia, el interés, e incluso la emoción y el afecto.

Según los analistas consumados del tiempo, aún con las diferencias destacadas entre el tiempo objetivo y el tiempo subjetivo, hay ciertas consonancias (parecidos) entre el tiempo físico y el vivido, y para ilustrar los casos, hacemos alusión a la famosa metáfora del río, de Heráclito, de que “nunca nos bañamos dos veces en un mismo rio”, la cual nos parece irreversible e inexorable, pues se refiere a que el rio siempre fluye en el tiempo.

Y algo además es que, a su vez, la metáfora está relacionada de forma subjetiva con la fenomenología, ya que el ser humano, como individuo, siente una sostenida certidumbre de que todo fluye, sin un posible retorno, y que toda acción afectará al futuro, y no lo dará “hacia atrás”, hacía lo que ya ha ocurrido.

Hay un presente espacioso, considerado así por William James en sus Principles of Psychology, y que se refiere al lapso de tiempo en que el individuo está consciente. Este lapso del tiempo fue catalogado por el filósofo existencialista francés Jean Paul Sartre como el para sí, (el para uno), es decir, un tiempo no solo presente, sino en el tiempo durante el que se está presente. ¿Interpretamos a este concepto de tiempo como nuestro verdadero tiempo propio?

¡Tómense su tiempo para pensar y descansar!

Hernani Zambrano Giménez, PhD.

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