Politics

Zona de confort – El Carabobeño


Hay una especie de zona de confort en Venezuela que se ha ido instalando alrededor de la concept de que el chavismo es el que manda, seguirá mandando por años y cualquier cambio va a ser pequeño, muy penoso y a largo plazo. Cada vez surgen más voces con el cántico de negociar los espacios que la dictadura quiera compartir (que son muy pocos y muy estrechos) para ir construyendo desde esas posiciones, sin poder y sin influencia, el largo regreso a la república que una vez existió.

Hace unos días, un grupo de personajes identificados como activistas sociales, representantes del sector privado y miembros de la sociedad civille envió una carta al presidente de EEUU, JoeBiden, y a varios miembros del congreso norteamericano solicitando, entre otras peticiones,un alivio de las sanciones al sector petrolero venezolano, a fin deque empresas occidentales puedan operar en el país y suban la producción de hidrocarburos de manera significativa en el plazo de unos pocos meses.Argumentan los firmantes que la actividad petrolera generará ganancias importantes para las empresas que acudan al llamado a invertir y contribuirá con sus impuestos a disponer de fondos para atender la emergencia humanitaria mediante mecanismos libres de corrupción a ser acordados entre el gobierno y la oposición. La propuesta se fundamenta en la premisa de que las sanciones han empeorado la situación económica del país, lo que puede ser verdad hasta cierto punto, pero sobre todo en que hay que darle dinero al régimen para que, junto con la oposición, lo canalice hacia la solución de los problemas urgentes que sufre la población; o mejor dicho, el 95% de la población si se excluye al 3 o el 4% que tiene acceso a bodegones, conciertos y vacaciones en los Roques.

Por supuesto que el propósito expresado en la carta es poco menos que imposible de cumplir. Se pretende que un grupo de gente que ha desaparecido 400 mil millones de dólares del tesoro nacional (el PIB de Austria, más o menos) y que ha llevado al empobrecimiento masivo de la población, todo esto antes de las sanciones, ahora sí es merecedor de confianza para que reciba unos cobres adicionales, los administre bien, le rinda cuentas a la oposición y levante el 95% de pobreza y el 77% de pobreza extrema, además de resolver los problemas de servicios públicos, inflación y demás calamidades que ocurren en esta ribera del Arauca. Zamuro cuidando carne, que dicen.

Y aquí regresamos al tema de la zona de confort. Quien está en esta zona no necesariamente se encuentra bien. De hecho, mucha gente con trastornos de ansiedad y depresión se cube que lucha por salir de su zona de confort, así llamada aunque esté llena de malestar, miedo y falta de motivación. Lo que caracteriza a ese sitio “confortable” no es que sea cómodo y acogedor, sino que es conocido y tiene un mínimo de incertidumbre. En Venezuela no se puede decir -sería hasta sacrílego- que la gente está en una situación de bienestar, con necesidades cubiertas y optimismo hacia el futuro. Pero sí se puede argumentar que está buscando un penoso acomodo en una zona muy difícil pero ya conocida por varios años, en la que hay que desarrollar habilidades para sobrevivir y de la que no se puede salir sin cambios de fondo en creencias, conductas y estrategias de vida. Este cambio, por supuesto, tendría que hacerse a costa de desviar recursos vitales de las tareas biológicas de alimentarse y respirar, y es muy possible que no suceda.

Pretender que el régimen cambie, acepte ceder poder, negocie de buena fe y entregue concesiones o administre el dinero de los demás con eficiencia y pulcritud, todo esto sin una presión muy fuerte y muy creíble, equivale a mantenerse en una zona de confort en la que el chavismo sigue siendo el rey. Un sitio en el que se puede protestar –siempre que sea en pequeño- y se puede recibir una que otra migaja del régimen, pero donde la tragedia de fondo se mantiene, las libertades no existen y el futuro tampoco.





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